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Espectáculos
Backstage: La señal
Primeras imágenes de un legado
07/06/2007 - 00:00 | En pleno montaje, Ricardo Darín cuenta cómo fue el rodaje de la película soñada por Eduardo Mignogna

Prometieron nueve semanas de rodaje, y cumplieron. La segunda y fundamental etapa en la producción de cualquier película terminó. La señal , la película que Eduardo Mignogna no pudo conducir él mismo porque el 6 de octubre del año pasado un cáncer le ganó de mano, llega ahora a la mesa de edición, donde sus directores, los debutantes Ricardo Darín y Martín Hodara, le darán a cada plano el tiempo justo que permita al público vivir en carne propia la novela policial, de igual título, que adapta.

Pampa Films tiene previsto su estreno en agosto, un mes antes de su pase en un homenaje a Mignogna programado por el 55° Festival de San Sebastián.

Buenos Aires, 1952. A los cuarenta y pico, Corvalán parece estar acomodado ya a una vida bastante previsible. Es dueño, con su amigo Santana, de una pequeña agencia de detectives a la que sólo llegan casos menores. Vive con Lobo, su perro, en la casa que había sido de sus padres, y tiene una relación más o menos estable con Perla, la profesora de piano del barrio. Corvalán, que suele frecuentar el hipódromo y el billar, ha sabido construir una personalidad en apariencia segura, basada en dos o tres certezas incuestionables. Una de ellas es la amistad. Mientras en la calle suena cada vez más fuerte la inminente muerte de Eva Perón -a la que muchos consideran su "jefa espiritual"- recibirá una visita. Todo parece estar destinado a una inexorable decadencia que Corvalán empieza a sentir como propia, aunque no pueda todavía comprenderla. Una noche aparece Gloria. Su belleza y enigmático comportamiento sirven para despertarlo de su modorra. Gloria le ofrece buen dinero por seguir y fotografiar a un hombre llamado Perturato. Intuye que la mujer oculta más de lo que dice, pero acepta. Es el principio de una historia que va a cambiar su vida, para siempre.

El rodaje tuvo lugar en esos fragmentos de Buenos Aires y sus alrededores que, recortados de un todo heterogéneo, siguen mostrando su diseño original, sin cambios que revelen el medio siglo que los separa de cuando todos los hombres se peinaban con Glostora, usaban saco, corbata y sombrero, los autos eran negros y la mayoría de las calles, adoquinadas.

En esos escenarios que de noche parecen más reales y perdidos en el tiempo, Darín mismo, Diego Peretti y Julieta Díaz, dieron vida a estos tres singulares personajes imaginados por Mignogna, un apasionado amante de la "serie negra", que en agosto estarán listos para aparecer finalmente en la pantalla grande.

-¿Fue tan complicado como pensabas al comenzar el rodaje?

-Más, mucho más. Sin embargo, desde todo punto de vista, el trámite fue muy bueno. En lo personal, tengo la sensación de que fue como una beca, un máster obligado por las circunstancias. Hablando específicamente de la película, todos los rubros estaban muy bien cubiertos y eso se notó muchísimo en el rodaje. Todos siempre hablan bien de sus equipos, como obligación moral, pero en este caso, siendo uno elegido por otra persona, demuestra una vez más qué clase de tipo era Eduardo. Cada área está cubierta por un extraordinario profesional, pero antes que eso, muy buena gente. A él le encantaba trabajar con amigos.

-¿Te sentiste muy cómodo?

-La sensación que me queda de todo este rodaje es de que el clima fue muy familiar; aun en las discusiones que se produjeron dentro de tal o cual toma, se notaba que todos estábamos apuntando a la misma dirección. Me sentí ayudado, protegido, contenido, estimulado; un muy buen clima de laburo. Me lo dijeron todos: para mí era muy importante, porque no se puede laburar con la energía baja, aun haciendo un drama. Hay que estar con el espíritu arriba para tener la cabeza iluminada, fresco y abierto a las propuestas de los demás. Antes lo pensaba como actor; esta vez, el compromiso fue otro: era yo quien tenía que preservar ese clima durante cinco semanas nocturnas, muchísimas para un rodaje, con frío, en lugares incómodos.

-Las circunstancias eran muy distintas de las típicas de rodaje

-En honor a la verdad, cuando llega el momento del trabajo el plano emocional siempre queda detrás, pero claro: estás a las cuatro de la mañana en una locación a la que sabés no vas a volver, todos queremos hacerlo y bien. El plano emocional cubrió todo el rodaje y lo seguirá haciendo porque es lo que nos propusimos todos al elegir hacer esta película. A lo mejor por eso mismo a cada momento intentamos preservar su calidad. Para mí, fue notorio el plus que cada uno puso.

El lado oscuro

-¿Qué ayuda al buen clima?

-Se da por suma de factores. Es como un encuentro químico. En toda relación humana el aporte tiene que venir de las partes que lo componen. Creo que es importante la línea que se baja desde la cabeza, y esta vez cada área estuvo manejada por gente que sabe muy bien lo que hace. A Martín y a mí no nos costó mantener ese muy buen clima de trabajo, al contrario, se dio en forma natural. Me acordé de todas las cosas que me dijeron mis amigos [Juan José] Campanella, [Fabián] Bielinsky, las cosas que hablaba con Eduardo. Todos quieren ese clima de trabajo, pero no siempre sale. También depende del tema: cuando hicimos Kamchatka , le poníamos la mejor onda, pero era tan doloroso, que con Cecilia (Roth), nos llamaba la atención la fuerza que teníamos que hacer para no dejarnos vencer por la emoción: conocimos de cerca esos personajes y sabíamos qué les iba a ocurrir. No significa que el clima haya sido malo, pero claro, había mucha sobrecarga emocional. Marcelo [Piñeyro] que, como dicen los pibes, es muy cool , lo manejó muy bien.

-Muy diferente de La señal

-Si bien es cierto que la idea es la de una película "de género", que incluso con la versión nuestra más oscura que la de Eduardo, el ingrediente argentino le da una fuerza dramática que normalmente los policiales no tienen. Creo que tanto Eduardo como ahora nosotros intentamos ponerle un ingrediente muy argentino, sin necesidad de sobreactuar esa argentinidad.

-Nuestro cine tiene muy buenos ejemplos del género policial con fuerte condimento dramático

-Estamos haciendo algo en los años 50, en un país donde en esa época se hizo mucho cine policial, y del bueno. Es raro: es un desafío. Si bien pueden aparecer Perón o Yvonne de Carlo, no queríamos explotar ese costado de reconstrucción fiel, porque la trama no pasa por ahí.

-¿Qué te deja este personaje?

-Descubrí que yo era más oscuro de lo que creía. Nací en la radio; me crié en la TV; pasé por el teatro y terminé cayendo en el cine; quizá por eso tengo tendencia a la comedia, lo que fue un freno a la hora de la consideración de los demás. Es verdad: soy medio payaso, pero últimamente descubrí que no le tengo miedo a la oscuridad, que me atrae, me magnetiza. Los seres humanos tenemos esa rara combinación. Nadie es totalmente bueno o malo: somos una paleta de colores muy amplia. Me sorprendió descubrir en mí este costado oscuro. Conozco actores dramáticos excelentes que le temen a la comedia. Ana María Campoy, con quien trabajé cuando era muy chico, fue una gran maestra y nos entendíamos con la mirada; me dijo: "Acordate siempre de que los actores pueden hacer buenos trabajos. Los cómicos... los cómicos pueden hacer cualquier cosa".
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